Investigadores de la Clínica Universidad de Navarra han publicado un estudio que acredita que las personas que han recibido un trasplante hepático y han sido fumadoras tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar cáncer de pulmón que la población general en la misma situación de tabaquismo. La investigación, publicada en la revista Archivos de Bronconeumología, concluye que esta población debería ser considerada de alto riesgo y entrar en los programas de detección precoz.
El doble de diagnósticos, el triple de probabilidad
El equipo analizó retrospectivamente los datos de 124 receptores de trasplante hepático y los comparó con los de 485 personas no inmunodeprimidas, ajustando variables como la edad, el sexo y el historial de tabaquismo. Todos los participantes se sometieron a una tomografía computarizada de baja dosis, la prueba estándar para la detección precoz de nódulos pulmonares antes de que produzcan síntomas.
Los resultados son llamativos: el cáncer de pulmón se diagnosticó en el 9,7% de los trasplantados hepáticos frente al 4,5% en el grupo de comparación. Más significativo aún es el dato prospectivo: la probabilidad estimada de desarrollar la enfermedad durante los diez años posteriores a entrar en el programa de cribado fue el triple para quienes habían recibido el trasplante.
La inmunosupresión, en el punto de mira
El Dr. José Ignacio Herrero, director del Departamento de Medicina Interna de la Clínica, apunta a la inmunosupresión crónica como posible factor explicativo. Los trasplantados deben tomar medicación de por vida para evitar el rechazo del órgano, y esa supresión del sistema inmunitario "podría contribuir a este desarrollo tumoral", señala. Por eso insiste en que los pacientes que hayan sido fumadores, "y especialmente si tienen enfisema pulmonar, formen parte de los grupos de cribado y reciban un seguimiento más estrecho".
El estudio identifica dos indicadores especialmente útiles para priorizar ese seguimiento: un historial de tabaquismo acumulado superior a 35 paquetes al año y la presencia de enfisema centrilobulillar, un tipo de daño pulmonar directamente asociado al tabaco.
También más riesgo cardiovascular
Un segundo estudio paralelo del mismo equipo, publicado en la Revista Española de Enfermedades Digestivas, añade otro hallazgo relevante. Los trasplantados hepáticos presentaron mayor frecuencia de diabetes, hipertensión arterial e hipercolesterolemia, factores que elevan el riesgo cardiovascular. Además, la calcificación coronaria —indicador de arterioesclerosis— se detectó en el 78,2% de los pacientes trasplantados frente al 57,9% del grupo de control, convirtiéndose en el predictor más potente de eventos cardiovasculares futuros.
Dado que esta calcificación también puede detectarse mediante la TC de baja dosis, los investigadores proponen incorporar esta prueba de forma sistemática en el seguimiento cardiológico de los trasplantados, aprovechando así una única exploración para vigilar simultáneamente el riesgo pulmonar y el cardiovascular.
El estudio ha contado con la participación conjunta de radiólogos, neumólogos y especialistas en Medicina Interna de la Clínica Universidad de Navarra.



