La selección del jurado técnico refleja este año una notable diversidad de estilos, técnicas y miradas sobre la fiesta. Conviven la pintura al óleo, el collage, la ilustración digital, el grafiti y el dibujo clásico. Los elementos icónicos del imaginario sanferminero —el encierro, el chupinazo, la comparsa, la música— aparecen en algunos carteles con rotundidad; en otros, apenas como una insinuación. Estas son las diez propuestas que los pamploneses votarán hasta el 4 de mayo.
1. Ritmo y pasión
Es, en palabras del jurado, "la definición perfecta de un cartel". Una figura de minotauro concentra en un solo trazo tres elementos esenciales de la fiesta: el toro, el chupinazo y la indumentaria sanferminera. La paleta de colores es reducida pero vibrante, y la composición rinde un homenaje explícito al diseñador gráfico Saul Bass, autor de carteles tan icónicos como el de Anatomía de un asesinato. Identidad visual potente y mensaje directo.
2. Juntos
Técnica pictórica en un cartel que, según el jurado, "aporta humanidad y personalidad al diseño". Los personajes aparecen a la vez juntos y separados por un espacio rojo que remite al color de las fiestas, evocando el flujo y trasiego de gente propio de los Sanfermines. Un detalle que no pasa desapercibido: el texto ocupa exactamente el hueco que llenaría una persona más en la escena. La vista cenital refuerza la idea de los individuos como una sola unidad colectiva.
3. Paz y amor
Siluetas simples y trazos deliberadamente temblorosos y toscos que, lejos de restar fuerza, construyen una imagen "rotunda y directa". El cartel parte de los tópicos sanfermineros para subvertirlos con "amable rebeldía", arrancando primero una sonrisa y dejando después un poso más hondo. El jurado subraya su lectura en clave de contexto: una "pertinente invitación a la paz" en tiempos de conflicto bélico. Sencillo, delicado y, según el jurado, "tal vez ingenuo, pero sin duda pertinente".
4. La cuadrilla
Dinamismo desbordante y horror vacui buscado. La composición acumula escenas, personajes y momentos que evocan el carácter colectivo y participativo de los Sanfermines: una fiesta que no cabe en un solo encuadre. La paleta cálida aporta energía y la abundancia de elementos contribuye, en lugar de restar, a esa "sensación de intensidad y desenfreno" que el jurado identifica como consustancial a la fiesta. Una propuesta "muy expresiva y cargada de identidad local".
5. Esther Arata presenta el gran lío de colores, letra y números
El título más largo de los diez finalistas anticipa su espíritu: un cartel "atrevido" que fusiona grafiti callejero y primitivismo en clave monocroma. La torpeza es deliberada, el desorden es el mensaje. Esther, el personaje protagonista elegido como representante de la diversidad, da nombre y cara a colectivos que en ocasiones quedan en segundo plano durante las fiestas. El jurado valora que "ese caos ordenado y popular es consustancial a la fiesta de San Fermín" y que este cartel lo ejemplifica con eficacia.
6. Las piezas de la fiesta
Collage de retales en distintas formas y colores que construyen, juntos, la imagen de los Sanfermines como "un tejido vivo". Lejos de lo digital, las texturas artesanales aportan calidez y remiten directamente a la vestimenta sanferminera. La propuesta es abierta e invita a la interpretación libre: cada retal puede ser un momento, un espacio o una persona diferente. Una de las apuestas más artesanales y pausadas de la selección.
7. Venir, ver… ¡Vivir!
Caravinagre —el popular Kiliki de cara de vinagre— aparece esta vez a lomos de un zaldiko, el caballo de la comparsa, en una escena bulliciosa de la plaza del Ayuntamiento pintada al óleo. El jurado no pasa por alto la ambigüedad: "no sabemos si con el beneplácito de su tradicional jinete o usurpando arteramente su puesto". La vibrante paleta de colores y el juego tipográfico de fondo reflejan, en conjunto, "la luminosidad de un festejo que invita a venir, ver y vivir".
8. Postal de San Fermín: la noche encendida
Los fuegos artificiales de la Ciudadela, ese ritual nocturno y colectivo, protagonizan en solitario este cartel. La composición guía la mirada desde el cielo iluminado hasta el perfil de la Ciudadela y, finalmente, hacia la multitud congregada. El jurado destaca la atmósfera nocturna "muy bien trabajada" y esa sensación de "marabunta compartida donde lo individual se diluye en lo colectivo". Una propuesta cuidada y evocadora que apela a uno de los momentos más reconocibles de las fiestas.
9. Rostro de tradición
Composición clásica, limpia y elegante centrada en la música popular como "una de las bases fundamentales del ambiente único y genuino de los Sanfermines". Un gaitero de medio cuerpo ocupa el centro del cartel, con el rostro disuelto en el fondo neutro: protagonismo anónimo, protagonismo de todos. El jurado señala que la figura inevitablemente evoca a Javier Lacunza, figura clave en el renacimiento de la gaita navarra, fallecido recientemente. Un homenaje implícito que añade una capa de emoción al cartel.
10. Todo empieza en rojo
La apuesta más abstracta de las diez finalistas. Un cohete —símbolo del chupinazo, del inicio de todo— atraviesa el espacio en una composición estrictamente bicolor. La tipografía es "discreta, apenas un apellido en la parte inferior". No hace falta más. El jurado lo resume con precisión: "un cuadro escuetamente bello en su simpleza". La pureza de lo abstracto aplicada al símbolo más reconocible de los Sanfermines.







