Menudos reportajes han hecho recientemente en la prensa escrita mostrando la falta de movimiento político en el tema de Ripagaña. Los de Ripagaña no solo es que estén en cuatro ayuntamientos distintos, sino que encima están en dos partidos judiciales distintos.
Esta semana se llegaba a lo más acertado que han afirmado los políticos en la historia de Ripagaña, que es que las cuatro divisiones administrativas en las que se divide el barrio se tienen que repartir entre Burlada y Pamplona. No me consta una afirmación más acertada de parte de los políticos, pero se queda corta porque los ripagañeses y las ripagañesas merecen ser todos de un ayuntamiento y es lo que prefieren. Y la conclusión se queda corta porque lo realmente necesario es que Pamplona absorba la Cuenca entera para tener abundante suelo finalista en vez de la escasez latifundista actual que por su troceamiento entre municipios crea una escasez de suelo que lo vuelve en recurso de lujo encareciendo la vivienda sobremanera.
No hace mucho tiempo que un servidor comentaba estos temas en este medio. De hecho el tema de la fusión municipal lo he mencionado previamente con reiteración porque fusionar múltiples ayuntamientos es clave para que la vivienda se abarate al conseguir un bien actualmente escaso: el suelo finalista. Lo triste es que en todos los medios se creen que el problema de la escasez de suelo finalista en casi toda España es un problema sin solución, cuando la solución es tan fácil como que las ciudades principales absorban sus áreas metropolitanas, pero de forma generosa, no a medias. Vamos, hacer que la realidad física de que una ciudad en la práctica, no en la legalidad vigente, no termina donde lo indica un cartel, sino donde llega el último edificio.
Además he comentado otro punto necesario que es que los ayuntamientos de la Cuenca de Pamplona deben dejar las merindades/partidos judiciales de Estella (Valle de Goñi) y Aoiz (de Esteríbar a Tiebas) para pasar a ser del de su comarca histórica que es la Cuenca de Pamplona. Y es que históricamente por siglos la pertenencia a la Cuenca de Pamplona ha trascendido, incluso legalmente, a su merindad.
No sé si es por dejadez o por nostalgia de mantener las instituciones medievales de las merindades. Si es por nostalgia, debido a la antigüedad que tienen las merindades, el argumento es un sinsentido porque, como ya he mencionado en otras ocasiones, los habitantes cuencos de Pamplona se sentían pamploneses, pues consideraban a sus localidades como barrios de Pamplona. Y a la vista están los escritos que ya aporté y otros.
Pero es que esos textos antiguos también documentan que la Cuenca de Pamplona estaba unida a Pamplona incluso jurídicamente, no solo sentimentalmente.
En Pamplona se trazó un plano de su cocinado (periferia) con forma de circunferencia, al parecer por un contencioso de delimitación entre Sarriguren y Mutilva que se creó tras la expansión demográfica y territorial que motivaron la creación del Burgo de San Cernin y la Población de San Nicolás. La destrucción de la Navarrería en 1276, hizo que la Corona ordenara inventariar tierras que habían sido confiscadas fuera de la jurisdicción de la Merindad de Pamplona: Ayeca, Ilarrea, Mutilva Alta….
Así que los de la Navarrería poseían bienes y tierras en concejos próximos que recibían un "status" jurídico especial del que surgían varios asuntos, como el derecho de importación, exenta de pagar portazgo, frutos producidos, para vender o consumir; designar y mantener guardas y costieros para vigilar las propiedades, y pagar diezmos a las parroquias del predio y el dueño.
Los monarcas navarros y las cortes regularon la importación y el transporte de vino con la intención de fomentar el cultivo propio de uva en viñas que poseían o alquilaban los pamploneses fuera de Pamplona propiamente dicha, en la Cuenca, un cultivo que ya había llegado a la Cuenca con los “fundis” romanos. Y es que la Cuenca de Pamplona históricamente ha tenido una importante cultura de cultivo vinícola.
Carlos II en 1365 decidió que solo permitiría comprar uva y vino de los vecinos que los producían de viñas en los términos de Pamplona, Arazuri, Villava, Sarriguren, Mendillorri, Mutilva, Acella, Cizur, Berriozar, Artica, Ansoáin, Burlada, Echavacoiz, Orcoyen y Barañáin suponiendo esta la primera vez que se mencionaban los pueblos de la periferia pamplonesa. La norma real permaneció por siglos, siendo ratificada por la infanta Leonor en 1468 por ordenanzas que prohibían importaciones de uva y vino "salvo de las heredades et terminos que se sirven del cocinado o manutención del cuerpo de dicha Ciudad".
El Regimiento de la Ciudad (1692) nombraba guardas rurales (costieros en romance navarro) para vigilar y custodiar los términos y propiedades "para las viñas del territorio y coçinado desta Ciudad" durante la temporada de maduración de la uva hasta la vendimia. Estos guardas tenían la potestad de vigilar y denunciar la entrada de animales "en heredades del término y cocinado de la Ciudad". Vamos, que jurídicamente las autoridades pamplonesas también tenían potestad en la Cuenca.
Para designar a los veedores del campo que supervisaban “los términos y cocinado de esta Ciudad", así como las plantaciones de viñas, las autoridades solían consultar a los concejos interesados.
El diezmario (dezmería) era la jurisdicción territorial de la parroquia, a la que los propietarios de las tierras de dicha jurisdicción en la Cuenca debían pagar diezmos de sus frutos anuales.
Como acabamos de ver o lo hemos visto en otros textos, los pueblos de la Cuenca de Pamplona han tenido históricamente, tanto jurídica como sentimentalmente, un gran apego, incluso superior hacia la Cuenca de Pamplona que a sus respectivas merindades de Estella y Aoiz, hasta el punto de que se han considerado y han legislado como barrios de Pamplona siendo reconocidos por las autoridades del reino.






