Durante años, elegir café parecía una cuestión de gustos: más fuerte, más suave, con más cuerpo o con menos amargor. Pero hay una diferencia mucho más importante que conviene conocer: no todos los cafés se tuestan de la misma manera. Descubrir qué hay detrás del café natural, el torrefacto y las mezclas puede cambiar la forma de elegir el café de cada día.
Para muchas personas, el café es mucho más que una bebida: es el comienzo de la mañana, una pausa durante la jornada o ese pequeño ritual que se repite cada día.
Sin embargo, cuando llega el momento de comprarlo, no siempre resulta sencillo saber qué estamos llevando a casa. Natural, torrefacto, mezcla… ¿qué significan realmente estas palabras?
La diferencia está, en buena medida, en lo que ocurre durante el tueste.
Café natural: el protagonismo está en el grano
Cuando hablamos de café de tueste natural nos referimos a aquel que se tuesta sin añadir azúcar durante el proceso. Esto permite que el protagonismo recaiga en el propio grano y en sus características: su origen, variedad, proceso de elaboración y grado de tueste.
Por eso, cuando se apuesta por un café 100 % natural, el consumidor puede encontrar una mayor variedad de matices en la taza. Dependiendo del café y de su tueste, pueden aparecer notas que recuerden al chocolate, frutos secos, caramelo, frutas o especias.
En otras palabras, el café natural permite que sea el propio café el que defina la experiencia.
¿Qué es exactamente el café torrefacto?
El torrefacto sigue un proceso de tueste diferente. Durante el tostado se añade azúcar, que se carameliza a altas temperaturas y recubre los granos.
No se trata, por tanto, simplemente de un café con un tueste más oscuro. El proceso es diferente porque incorpora un ingrediente que no forma parte del grano de café: azúcar.
El resultado es un café de aspecto muy oscuro y con un perfil de sabor más intenso, amargo y tostado. Para conseguir esas características, el azúcar añadido durante el proceso se carameliza y contribuye a modificar el aspecto y el sabor del grano.
El torrefacto forma parte de la tradición cafetera española y sigue estando permitido y regulado. Pero que un producto sea tradicional no significa que sea necesariamente la opción más interesante para quien busca disfrutar del café en su forma más pura.
¿Y qué ocurre con el café mezcla?
El café mezcla combina café de tueste natural con café torrefacto. Así, un café que indique, por ejemplo, 70 % natural y 30 % torrefacto contiene ambas modalidades.
La consecuencia es sencilla: si una parte del café es torrefacto, también está presente el azúcar utilizado durante su proceso de elaboración. Por eso, para quien quiera evitar el torrefacto, no basta con buscar la palabra "natural" en el envase. Lo recomendable es comprobar que se trata de un 100 ?fé de tueste natural.
¿Por qué elegir café 100 % natural?
La respuesta tiene que ver, sobre todo, con la propia naturaleza del producto. El café natural no necesita añadir azúcar durante el tueste. El objetivo es desarrollar las cualidades del propio grano y permitir que sus aromas y sabores tengan protagonismo.
Una vez elegido el café natural, aparece otra cuestión fundamental: ¿cuándo se ha tostado?
El café continúa evolucionando después del tueste. Por eso, optar por cafés con un tueste reciente es una forma de prestar más atención a la frescura del producto.
Es aquí donde cobra especial importancia la filosofía de marcas como Orisens Coffee, cuya tienda online quierobuencafe.com está especializada en café 100% natural.
En Orisens, el café se tuesta semanalmente, acercando al consumidor una propuesta basada en dos ideas sencillas: café de calidad y café recién tostado.
Del café de siempre al café que realmente quieres tomar
El torrefacto ha formado parte de la cultura cafetera española durante generaciones. Su presencia es legal y está regulada, pero conocer cómo se produce permite tomar una decisión informada.
Si lo que se busca es disfrutar del café sin azúcar añadido durante el proceso de tueste y apreciar las características propias del grano, el 100 % natural es la opción que merece ocupar un lugar protagonista.
Porque quizá la próxima vez que prepares una taza de café la pregunta no tenga que ser "¿natural, torrefacto o mezcla?". Quizá la pregunta correcta sea mucho más sencilla:
¿Por qué añadir azúcar al proceso de tueste si se puede disfrutar del café tal y como es?











