Cuando se cumplen 750 años de la Guerra de la Navarrería, también conocida como la Guerra de Navarra, el Archivo Real y General de Navarra dedica su microexposición de septiembre a exponer al público algunos de los documentos que custodia relacionados con aquel acontecimiento ocurrido en 1276, según ha informado la institución.
Entre los documentos exhibidos figuran el juramento de fidelidad del noble Corbarán de Vidaurre a la reina Juana I, una relación de bienes confiscados a los vecinos de la Navarrería proscritos, mandatos de Felipe III el Atrevido, rey de Francia, sobre la devolución de bienes arrebatados a los habitantes de la Navarrería y sobre la compensación al obispo y a la catedral de Pamplona por los daños sufridos, y la cuenta de los gastos por la ejecución, en 1291, de Guillem de Anelier, autor del poema "La guerra de Navarra".
La microexposición '750 años de la Guerra de la Navarrería (1276)' es una muestra de pequeño formato, de acceso libre y gratuito, que permanecerá abierta en la galería baja del Archivo de Navarra durante todo el mes de septiembre, de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 20:00 horas. También podrá visitarse de forma online a través del micrositio web del Archivo Real y General de Navarra.
La Guerra de la Navarrería
En el verano de 1276, dos años después de la muerte del rey Enrique I de Champaña, el reino de Navarra se vio sumido en una guerra civil cuyos principales enfrentamientos tuvieron lugar en Pamplona/Iruña, donde lucharon a muerte los dos burgos francos —San Cernin y San Nicolás— frente a la ciudad de la Navarrería y el anexo burgo de San Miguel. La muerte del monarca había dejado la corona en manos de su hija Juana, una niña de corta edad bajo la tutela de la reina viuda, Blanca de Artois, prima de Felipe III el Atrevido, rey de Francia, a cuya protección se encomendó para conjurar tanto las apetencias de las monarquías vecinas —Castilla y Aragón— como la actitud de una nobleza navarra dividida sobre la orientación política que debía tomar el reino.
La reina madre marchó con la heredera a Francia tras encomendar el gobierno del reino a Pedro Sánchez de Monteagudo, señor de Cascante, que hubo de hacer frente tanto a la invasión castellana como a la oposición del bando nobiliario encabezado por García Almoravid. Tras su dimisión, el rey de Francia lo reemplazó por Eustache de Beaumarchais, hasta entonces senescal de Toulouse, quien a su llegada, a finales de 1275, se encontró con la hostilidad de buena parte de la nobleza, soliviantada por el proyecto de matrimonio de la joven reina con Felipe, segundogénito del rey francés. A este enfrentamiento político se sumó la rivalidad social entre las cuatro entidades municipales que por entonces componían Pamplona, separadas por sus respectivos recintos amurallados y pertrechadas con máquinas de guerra.
La hostilidad de la Navarrería —apoyada por el obispo de Pamplona— y de los grandes nobles llevó al gobernador a refugiarse en el burgo de San Cernin, coaligado con el de San Nicolás. La guerra abierta estalló a principios de junio de 1276 y se prolongó durante todo el verano, con episodios que se conocen con detalle gracias a un extenso poema compuesto por el soldado-trovador tolosano Guilhem Anelier, quien había llegado a Navarra acompañando al gobernador. Según su relato, el conflicto atravesó varias fases y dos periodos de tregua: primero, el bombardeo mutuo con catapultas desde las murallas; después, los enfrentamientos cuerpo a cuerpo en los arrabales de la ciudad —Taconera, Rochapea y la actual Plaza del Castillo—; y, finalmente, los intentos de asalto a las defensas.
Los burgos francos de San Cernin y San Nicolás solicitaron ayuda al rey de Francia, que envió un gran ejército al mando de su condestable Humbert de Beaujeu. Tras atravesar los Pirineos, a finales de septiembre se puso sitio a la Navarrería. Los nobles y dirigentes rebeldes abandonaron la ciudad a su suerte la noche anterior a un violento asalto que se saldó con muertes, destrucción e incendio. Pasto de las llamas, la Navarrería quedó totalmente arrasada, y la catedral, con sus tesoros y dependencias, fue saqueada, incluidos los sepulcros de los reyes. Reducida a cenizas, la Navarrería permanecería despoblada durante medio siglo.
Antes de abandonar Navarra, el ejército francés persiguió a los proscritos por todo el reino y sometió las plazas y castillos que permanecían en manos de los rebeldes. Los traidores fueron ejecutados, arrastrados o encarcelados, y a los ricoshombres y grandes nobles huidos —entre ellos García Almoravid, Íñigo Almoravid, Juan de Vidaurre, Gonzalo Ibáñez de Baztán, Pedro Jiménez de Zabalza, Jimeno Pérez de Opaco, Jimeno de Oárriz, García Pérez de Lizoain, Pedro de Berasáin o García de Arregui— se les declaró bandidos y se les confiscaron sus bienes, excepción hecha de Pedro Sánchez de Monteagudo, asesinado en la Navarrería por orden de García Almoravid al intentar unirse al gobernador.
Los detalles de la Guerra de la Navarrería se conocen en buena medida gracias al testimonio de Guillem Anelier de Toulouse, autor del extenso poema "Guerra de Navarra", escrito en lengua occitana. Finalizada la contienda, este militar, cronista y poeta provenzal se instaló en Pamplona, donde presumiblemente redactó el texto. En 1291 fue ajusticiado acusado de falsificar moneda, y su casa y sus bienes fueron confiscados por la Corona. Su poema pervivió y hoy se conoce a través de un único manuscrito, conservado en la Real Academia de la Historia.





