El destino volvía a reunir a España y Francia en un escenario reservado para unos pocos elegidos. Dallas se convirtió en el epicentro del fútbol mundial para acoger un duelo entre dos grandes campeones que han construido una de las rivalidades más apasionantes del panorama internacional. En juego, un billete para la gran final del Mundial en Nueva York y el derecho a seguir soñando con levantar el trofeo más deseado del planeta.
La emoción se palpaba desde horas antes del partido. El entusiasmo de ambas aficiones en la previa fue dando paso a la tensión propia de una semifinal de la Copa del Mundo. Sobre el césped, dos estilos antagónicos, frente a frente. Desde el inicio, España trató de apoderarse del balón mediante posesiones largas que le permitiesen encontrar la mejor opción para penalizar a los galos. Francia, por su parte, aprovechaba cada robo de balón para contragolpear con la velocidad de sus jugadores del frente ofensivo.
Tras unos primeros minutos sin demasiadas ocasiones claras, llegó una de las acciones clave del partido: Lucas Digne golpeaba dentro del área a Lamine Yamal al tratar de despejar el balón, y el árbitro salvadoreño Iván Barton señalaba el punto de penalti. Mikel Oyarzabal, prácticamente infalible desde los once metros, superó a Maignan de zurda y puso en ventaja a la Selección en el ecuador del primer tiempo.
El gol dio alas a España y la reafirmó en su idea de juego. En el minuto 38, una triangulación al primer toque entre Baena, Olmo, Lamine y Fabián estuvo a punto de suponer el segundo tanto del combinado nacional, pero un defensor rival desvió el balón a córner. Antes del descanso, Unai Simón, atentísimo, salió con velocidad a cortar un contraataque que hubiese dejado en posición franca a Kylian Mbappé. El equipo de Luis de la Fuente resistió al arreón final de los franceses y conservó la ventaja mínima al descanso.
El inicio de la segunda mitad siguió el mismo guion visto hasta el momento: dominio español y vértigo tras cada robo francés. Cuando el partido se encaminaba a la hora de juego, una asistencia brillante de Dani Olmo dejó solo a Pedro Porro, que anotó su segundo gol en este Mundial para poner el 0-2, con treinta minutos por delante para alcanzar la final del domingo. A los pocos segundos, Lamine Yamal anotó el que hubiera sido el tercer gol para la Selección, pero Barton lo invalidó por un fuera de juego milimétrico.
En la recta final, el partido se rompió. Francia se lanzó al ataque en busca de un tanto que le diese vida, mientras España aguantaba un resultado que le daba acceso a la final. Doué, Mbappé y Dembélé probaron suerte, pero se toparon con la mejor defensa del campeonato. Ferran y Nico Williams, nada más saltar al césped, también lo intentaron, sin lograr batir a Maignan.
Con el pitido final, la euforia se abrió camino entre unos futbolistas que siguen escribiendo páginas doradas en la historia de la Selección. Dieciséis años después, España luchará por su segunda estrella mundial y por coronar a una generación que ya levantó la Eurocopa en 2024 y la Nations League en 2023.
Cabe destacar además que Mikel Merino cumplió su partido número 50 con la Selección, y que España encadena ya 37 partidos consecutivos sin conocer la derrota, igualando el récord marcado por Italia entre 2018 y 2021.










