Pamplona Actual

El calor en el HUN como síntoma de una enfermedad

Alberto Pérez Martínez; Juan Ramón Sanchiz Rubio; y M. Concepción Goñi Orayen, en representación de la Comisión Ejecutiva del SMN

Publicado: 25/06/2026 ·
11:19
· Actualizado: 25/06/2026 · 11:19

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En 2014, el calor insoportable en la cuarta planta infantil del Hospital Universitario de Navarra ya era un problema de primera magnitud. Hasta el punto de que hubo que trasladar a lactantes a la antigua UCI pediátrica, que sí estaba climatizada, para evitar episodios de fiebre y deshidratación.

En aquel momento, desde el SMN, reclamamos a la dirección la adquisición de aparatos portátiles de aire acondicionado —los conocidos como “pingüinos”— para paliar el problema. La respuesta, tan fría como reveladora, llegó a vuelta de correo: nos pedían que definiésemos qué entendíamos por “pingüino”. Tal vez pensaban en el pájaro, o quizá en un peluche. ¡Quién sabe!

Lo cierto es que han pasado doce años desde aquello y no se ha producido ningún avance significativo para evitar a los pacientes la tortura de permanecer encamados, hacinados y encerrados en habitaciones que alcanzan temperaturas de 34 grados. Y no hablamos solo de lactantes. También de personas mayores, pacientes psiquiátricos —que no pueden tener a su alcance aparatos refrigeradores con cable y deben mantener las ventanas permanentemente clausuradas—, embarazadas, zonas de consultas y numerosos profesionales sanitarios obligados a trabajar en condiciones que rozan, cuando no vulneran directamente, la legalidad en materia de salud laboral.


Pero el calor en algunas estancias del HUN es solo un síntoma. También lo son la caída de techos, las listas de espera en hospital, la inaccesibilidad en Atención Primaria o las derivaciones crecientes a centros privados.

Todos ellos son síntomas de una enfermedad que amenaza la supervivencia de la sanidad pública. La enfermedad es la falta de inversión, pero también —y quizá, sobre todo— la ausencia de liderazgo y de profesionalización en la gestión. Una gestión demasiado expuesta a la intervención de políticos sectarios que meten sus torpes manos, ávidas de votos, en asuntos que desconocen por completo. Y ahí está buena parte del problema: esas mismas manos son las que reparten fondos, cargos y prebendas.

Mientras tanto, pacientes y profesionales se cocinan en habitaciones y puestos de trabajo, y una larga lista de responsables y organismos miran hacia otro lado. Se ponen de perfil y evitan cualquier acción de apoyo que pueda acarrearles el reproche de la Administración.

No se piense que somos conspiranoicos, pero resulta llamativo el paripé de ciertos comités de humanización, la deliberada negligencia de la Inspección de Trabajo, la incapacidad ejecutiva del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales, la connivencia de determinados sindicatos y asociaciones profesionales y, finalmente, la incompetencia del Gobierno de Navarra y su Departamento de Salud, excusando repetida e inútilmente su propia imprevisión.

Denunciar que la sanidad foral va mal no es difamarla ni allanar el camino a la sanidad privada. Es exactamente lo contrario: señalar áreas de mejora, proteger al paciente y defender al trabajador. Callar ante el deterioro de la sanidad pública no la protege; la condena.

Firmantes del escrito:

Alberto Pérez Martínez, Secretario General del SMN; Juan Ramón Sanchiz Rubio, delegado Sindical de AP del SMN; M. Concepción Goñi Orayen, Vicepresidenta Hospitalaria

En nombre y representación de la Comisión Ejecutiva del SMN

 

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