La dieta mediterránea tiene el mismo respaldo científico que muchos tratamientos farmacológicos. Esa fue la tesis central de la conferencia plenaria que el catedrático de Salud Pública de la Universidad de Navarra y profesor visitante de la Escuela de Salud Pública de Harvard, Miguel Ángel Martínez-González, impartió esta semana en el 41º Congreso de la Sociedad Española de Nutrición Clínica y Metabolismo (SENPE), celebrado en Pamplona entre el 20 y el 22 de mayo.
"El nivel de evidencia alcanzado con la dieta mediterránea es comparable al de muchos tratamientos farmacológicos", afirmó Martínez-González, que señaló los ensayos clínicos PREDIMED —impulsado desde el Hospital Clínic de Barcelona y la propia Universidad de Navarra— y Cordioprev como dos de los estudios nutricionales más relevantes realizados nunca a escala mundial. El PREDIMED supuso, en sus palabras, "un antes y un después" en la investigación al aportar por primera vez evidencia de tipo A en medicina preventiva basada en alimentación.
Los ultraprocesados, el gran enemigo
Frente a los beneficios demostrados de la dieta mediterránea, el investigador puso el foco en la otra cara de la moneda: el avance imparable de los alimentos ultraprocesados. Su impacto en el desarrollo de enfermedades crónicas es, advirtió, "grave, importante y creciente". La recomendación es evitar los productos "en los que ya no se reconoce el alimento natural", especialmente aquellos cargados de azúcares añadidos, grasas de baja calidad, sal y aditivos químicos.
La alternativa pasa por recuperar patrones de alimentación basados en productos frescos, de temporada y mínimamente procesados: aceite de oliva virgen extra, legumbres, pescado, frutas, verduras, frutos secos y cereales integrales en sustitución de los refinados.
El reto de trasladar la ciencia a la vida cotidiana
A pesar del consenso científico, Martínez-González reconoció que convertir ese conocimiento en cambios reales de comportamiento sigue siendo un desafío. Apuntó como causas la presión de determinados intereses industriales y la histórica escasez de grandes ensayos aleatorizados en nutrición comparables a los realizados para medicamentos. "El mensaje científico está claro, pero necesitamos más educación alimentaria, políticas públicas coherentes y un entorno que facilite elecciones saludables", concluyó.
Su diagnóstico final fue rotundo: "La dieta mediterránea no es una moda: es el patrón nutricional con mayor respaldo científico para proteger la salud."


